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Deshumanizados, perdidos, alienados...

Nos hemos convertido en prolongaciones humanas de las máquinas que hemos inventado. Y esto nos lleva a una deshumanización de la persona.

Hoy somos, en general, menos humanos y actuamos en la vida con más automatismos que nunca. Hemos querido convertir la vida en un medio para conseguir algo y así hemos inventado una infinidad de máquinas impersonales que reducen nuestra imaginación y creatividad.

Estoy escribiendo este artículo en el ordenador porque curiosamente es más fácil encender el ordenador y escribir que encontrar un lápiz y una libreta. Esto me recuerda a mi abuelo escribiendo con esmero y paciencia infinita sus partituras y pensamientos en forma de poemas. En su escritura estaba la estética espiritual de aquella letra perfecta, armoniosa y de trazo muy lento. Se adornaba la escritura y la hoja terminada se convertía en un bellísimo cuadro de letras y notas musicales. Yo ahora escribo con el objetivo de redactar un artículo y publicarlo en mi blog. Soy mucho más productivo ya que me permito anotar, borrar, resaltar e incluso corregir sin dejar marcas ni tachaduras en muchísimo menos tiempo. Pero sorprende saber que con medios menos avanzados, él disponía de tiempo para todo. Yo tengo siempre mucho por hacer (ideas, proyectos, etc.) pero no me llega con el tiempo disponible.

Pero es aquí donde comienza el despertar de algunos que se detienen, observan, toman distancia y se preguntan: ¿y si no hay nada que lograr salvo simplemente vivir? ¿y si el tiempo no existe? ¿y si lo importante no es lo escrito sino la experiencia de escribir? ¿y si la fotografía es lo de menos y lo realmente satisfactorio es el momento de realizarla?

¿Para qué me sirve el coche si me lleva de un lugar a otro y no soy consciente ni siquiera del lugar por el que me estoy desplazando? ¿De qué me sirve el tenedor y la cuchara si no me doy cuenta del milagro que supone poder levantar un brazo y llevarme la comida a la boca?

La experiencia de todo lo que hacemos requiere de una ingenuidad que vamos perdiendo con los años. Según nos vamos desarrollando, nuestros sentidos son invadidos por el entendimiento. ¿Qué hacemos por instinto y qué hacemos por adiestramiento y aprendizaje? ¿Podemos dar marcha atrás y ver los detalles de la vida como algo nuevo y maravilloso? Afortunadamente sí que podemos. No es fácil pero la práctica nos lleva a tener pequeños momentos de lucidez creativa y de sorpresa ante lo que creemos cotidiano.

Cada cierto tiempo durante el día, me detengo y digo: todo lo que viene ahora es nuevo para mí. Siéntelo y vívelo como si fuese la primera vez que te sucede. No deberían ser momentos puntuales pero ayudan a tomar distancia y a disfrutar.

17 agosto, 2016
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