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Mi falso yo

Todo niño se comporta en sus años de desarrollo de la manera que se supone debe hacerlo para ser amado. Pero esas características que le van a permitir cumplir con su objetivo muchas veces son expectativas, deseos, proyecciones de los padres o su entorno familiar. Incluso pueden ser exigencias o mandatos que el niño asimila como propias. Con ellas va construyendo su falso yo que poco a poco va ocultando su identidad original. El niño, una vez es adulto, no reconoce cualidades aprendidas, comportamientos programados ni distingue lo que le es innato de lo que se construyó con el tiempo. Aquí es donde ese adulto que, por ejemplo, se cree muy responsable no es consciente de que esa cualidad no es suya sino aprendida. Cree ser precavido, miedoso o tímido y no sabe que quizás actúe de esa manera pero él no es realmente así. Una y otra vez en su vida actuará de la misma manera siguiendo un patrón aprendido y forjado a fuego en su interior. Freud lo llamó "el impulso de la repetición" que nos lleva a pasar todas nuestras experiencias por el filtro del material interno con el que hemos crecido.
A partir de este punto pueden ocurrir varios escenarios:
1. El adulto nunca será consciente de su armadura construida para adaptarse y vivirá sus días con sus éxitos y fracasos. Se enorgullecerá por los primeros y quizás se culpe por los segundos.
2. El adulto se da cuenta de que repite cíclicamente un comportamiento y desarrolla unas maneras de pensar y actuar que no  son propias. Y no son propias porque no las desea, le crean un gran malestar y no entiende qué le está ocurriendo. Descubre unas cualidades innatas y se cuestiona qué fue de aquella espontaneidad, sinceridad o creatividad que expresaba en su niñez.
El descubrimiento es sorprendente pero complicado. Es ilusionante pero al mismo tiempo desconcierta. Y lo peor de todo es la resistencia astuta y traicionera con la que te has identificado toda la vida y que ahora se aferra a todo para evitar el cambio.
Ya no hay vuelta atrás. Empiezo a ver mi falso yo. Empiezo a observar cómo piensa y cómo reacciona cuando lo cuestiono. En ocasiones soy consciente de que no soy el que piensa y trato de tomar distancia.
¿Por qué me pasa esto? No tengo ni idea y quizás no valga la pena tratar de contestar.
¿Para qué sirve esto que me está pasando? Pues quizás para iniciar el mayor descubrimiento que puedo imaginar. Saber quién soy yo.

01 mayo, 2015
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