Soy inocente

Se lo hago saber a mi implacable fiscal. Ese que a la más mínima oportunidad me juzga injustamente y culpa no dejando prácticamente opción a otro veredicto. A ese fiscal le digo que ya está bien, que quiero y voy a escuchar a la otra parte, la que nació conmigo y que nunca me ha hecho daño. Esa parte inocente que con el paso del tiempo fue aprendiendo lo que le enseñaron. Esa parte que poco a poco fue quedando en un segundo plano, relegado a un lugar sin protagonismo y sin oportunidad de demostrar esas cualidades de expresión, creatividad y amor propio que no pudo desarrollar.
Ese inocente reclama ser escuchado y me grita por sus medios que le atienda, que descubra y recuerde cómo era, cómo me hacía sentir cuando se maravillaba con las hormigas que perseguía con la mirada durante horas, cómo disfrutaba pintando sin saber siquiera qué colores elegir, cómo se asombraba cuando acostado en la azotea de de su casa veía pasar una estrella fugaz y no entendía qué significaba pero intuía un universo infinito, cómo olfateaba un libro y sólo con leer  las primeras páginas ya se perdía en otro mundo, cómo admiraba a su abuelo porque introducía un papel en una bandeja con agua y al poco tiempo aparecía una imagen como un truco de magia imposible, cómo se emocionaba cuando su madre le cantaba la canción del pobre bardo que se enamoró de una chica de la alta sociedad pero era su vida la del pobre payaso que reía con ganas de llorar. Ese inocente que se sentía extraño y diferente creció a la sombra de un molde construido para cumplir con un papel que no era el suyo. Un papel no elegido que solo dejaba ver al actor pero que poco a poco hizo olvidar a la persona, el inocente y el niño. Y el actor cumplió con su papel. Y no bastaba con hacerlo bien sino que ganaba méritos para ser cada vez más protagonista de esa falsa película. Cuanto mejor lo hacía, más crecía como actor hasta creer que su vida y su película era todo una misma cosa.
Pero llega un momento en el que soy consciente de que esa no es mi película. Descubro una vida antes e intuyo otra vida después de esa película. Y todo se tambalea. Siento al niño inocente que siempre ha estado conmigo pero al que nunca he escuchado. Esta vez sé que no voy a abandonarlo aunque tenga que despojarme de mil capas de piel que me sobran y no son mías. Y al actor que tanto se resiste a perder su protagonismo le digo que ya se acabó su película, que si quiere puede quedarse y formar parte de mi vida como lo ha hecho hasta hoy pero que ahora empieza mi tiempo. Mi tiempo sin tiempo. No hay prisa.

23 abril, 2015
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One Comment

  1. Me ha encantado Emilio, es una reflexión que invita a seguir con esa disertación, a mirar dentro, a buscar y si fuera posible a encontrar esa inocencia perdida o tal vez escondida esperando salir de nuevo, la que vamos alejando según aprendemos a interpretar la vida a nuestro pesar.

    Besos a los tres