El tiempo mientras tanto, de Carmen Amoraga


Portada del libro "El tiempo mientras tanto"
¡Novelón!

Con este libro he recibido una cura de humildad literaria (si se puede llamar así). Hasta ahora siempre he procurado leer autores consagrados con éxitos internacionales que de alguna manera me garantizaban textos de calidad. Esto había provocado que en muchas ocasiones descartase escritores cuyos nombres no eran tan conocidos. Este libro de Carmen Amoraga (totalmente desconocida para mí) llegó a mis manos por la originalidad del título, el anzuelo de una historia interesante pero nada pretenciosa y la sonrisa de la autora en la contraportada que por telepatía comunicaba "he puesto todo el cariño y amor del mundo en esta historia".
El tiempo mientras tanto cuenta la historia de María José que sufre un gravísimo accidente y se encuentra en coma postrada en la cama de un frío hospital. A partir de ahí y con el abismo de un tiempo que no parece acercar su recuperación, los personajes (sus padres, su marido, su mejor amiga, etc.) van desfilando y abriendo su corazón a una narración ligera, cotidiana y directa. La descripción psicológica de los personajes es tan profunda que en todo momento los sientes cercanos y reales. Normalmente otros escritores necesitan 600 páginas para dibujar de manera no muy nítida la personalidad de los protagonistas de sus obras. Carmen Amoraga descarta perder el tiempo en retratar el ambiente y apenas dedica palabras al detalle de los lugares donde transcurre la historia. Quizás esta particularidad de su narración sea un magistral truco para encaminar al lector hacia un intenso inventario humano.
Este libro es un homenaje al amor, a la amistad, a las segundas oportunidades, a la solidaridad y a la esperanza que siempre debe existir aún en las situaciones más desesperadas. Una y otra vez, uno y otro personaje se empeña en afirmar que la vida es una mierda pero el desarrollo final (magistral) muestra una luz débil pero brillante que deja un sabor muy dulce al acabar la novela.
Si simplemente digo que este libro me ha gustado mucho, creo que soy injusto y sobretodo tacaño en elogios. Contiene mucha enseñanza vital y esto es algo que merece ser compartido con empeño.
Como anécdota debo apuntar que este libro fue finalista del Premio Planeta 2010. Así aparece al pie de la portada y reconozco que fue un detalle que casi me hizo renunciar a su compra. Todavía no he leído una novela ganadora del Premio Planeta que me haya convencido de que este galardón es un seguro de acierto. Habrá que seguir leyendo sólo a los finalistas.

21 octubre, 2012
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