disolviéndose en sus brazos

Volvió a tomarla en sus brazos, la atrajo hacia sí y de repente se volvió pequeña en el abrazo, pequeña  y agradecida. Había desaparecido, la resistencia había desaparecido y empezó a diluirse en un maravilloso estado de paz. Y mientras iba disolviéndose, pequeña y hermosa en sus brazos, se iba haciendo infinitamente deseable para él; todos sus vasos sanguíneos parecían escaldados por un intenso y tierno deseo de ella, de su suavidad, de la intensa belleza de ella en sus brazos, inundando su sangre. Y delicadamente, con aquella maravillosa caricia ausente de su mano, en un deseo puro y leve, delicadamente acarició la pendiente sedosa de sus caderas, bajando y bajando entre sus nalgas tiernas y templadas, llegando más y más cerca de su verdadero centro vital. Y ella lo sentía como una llamarada de deseo, tierno al mismo tiempo, y se sentía fundir en aquella llama. Se abandonó. Sintió su pene elevándose contra ella con una fuerza silenciosa, deslumbrante y potente, y se entregó a él. Cedió con un estremecimiento como de agonía y se abrió por completo a él.

"El amante de Lady Chatterley" de D.H. Lawrence

24 julio, 2012
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