El túnel de Ernesto Sábato

Hacía mucho tiempo que no leía una novela en dos días. El Túnel de Ernesto Sábato es tan buen libro que se puede disfrutar de una sola tacada.
He intentado descubrir por qué no había leído antes esta joya de las letras. Creo que la culpa la tiene la asignatura de literatura cuando estudié en el instituto. Fue una de las novelas recomendadas y citada como ejemplo de narrativa sudamericana del siglo XX. Debí asociar esta novela con la época de las obligadas lecturas y por eso la aparqué durante tantos años.
Juan Pablo Castel cuenta en primera persona cómo y por qué asesinó a la mujer de su vida, María Iribarne. Los celos y la obsesión de una mente enferma marcaron la fatalidad de esta historia de amor.
Un poco antes del final de la novela, el atormentado protagonista recapacita sobre su modo de actuar con María y dice: "Ahora que puedo analizar mis sentimientos con tranquilidad, siento que, en cierto modo, estoy pagando la insensatez de no haberme conformado con la parte de María que me salvó de la soledad. Ese estremecimiento de orgullo, ese deseo creciente de posesión exclusiva debían haberme revelado que iba por mal camino, aconsejado por la vanidad y la soberbia."
En resumen, un maravilloso libro que recomendaré a todo el mundo y que me ha devuelto el afán por la lectura.
Un detalle final que me pareció curioso por la coincidencia con algo que me suele suceder con cierta frecuencia: "Miraba por la ventanilla, mientras el tren corría hacia Buenos Aires. Pasamos cerca de un rancho; una mujer miró el tren. Se me ocurrió un pensamiento estúpido: «A esa mujer la veo por primera y última vez. No la volveré a ver en mi vida.» Mi pensamiento flotaba como un corcho en un río desconocido. ¿Qué me importaba esa mujer? Pero no podía dejar de pensar que había existido un instante para mí y que nunca más volvería a existir. Un pequeño retraso del tren, un llamado desde el interior del rancho, y esa mujer no habría existido nunca en mi vida."

07 abril, 2012
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