emociones negativas

En la región de Annapurna vivía un joven que quería encontrar la paz espiritual. Sin embargo, a pesar de que vivía en un monasterio budista, las jornadas para él eran largas y negras. Un día, mientras regresaba al monasterio, decidió confesarle a su maestro aquel dolor que llevaba por dentro, del que se sentía profundamente avergonzado.

- Maestro, últimamente me siento muy agotado. La culpa y la ira son mis acompañantes perennes. ¿Qué hago?

El maestro le miró, como toda respuesta, tomó una pluma y la depositó en la mano del joven. 

- ¿Cuánto pesa esta pluma?

El joven pensó unos segundos y respondió:

- Aproximadamente 2 gramos.

Entonces el maestro le pidió que extendiera el brazo y sostuviera la pluma mientras él buscaba un libro que le ayudase a lidiar con los problemas que experimentaba. Le explicó que, si quería, podía cambiar de idea sobre el peso de la pluma. 

El joven no le comprendió pero hizo lo que decía su maestro. Pasados 30 minutos, el brazo comenzó a flaquearle y al cabo de una hora, pensaba que no iba a poder sostener más la pluma. Cuando el maestro regresó, volvió a preguntarle:

- ¿Cuánto pesa esa pluma?

- Al principio pensé que era muy ligera pero con el paso del tiempo se fue volviendo cada vez más pesada y ahora me parece que sostengo un pedazo de plomo.

El maestro sonrió y le explicó:


- Las emociones “negativas” son como esa pluma: si las experimentas y las sueltas no pesan nada. Pero si las sostienes durante mucho tiempo se convierten en una losa sobre tu corazón.


31 marzo, 2016
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Pasaje del Bhagavad Gita

La valentía; la sinceridad de alma, la determinación de adquirir siempre conocimiento espiritual; la mano abierta, el control de todos los apetitos; la piedad, el amor por el estudio en solitario; la humildad, la rectitud, el cuidarse de dañar a cualquier ser viviente, la veracidad, el despojarse de la ira; una mente que abandone con esmero lo que otros valoran; la ecuanimidad, y la caridad que no busque en los demás los defectos; la compasión por todo el que sufre; un corazón satisfecho, que no esté agitado por el deseo; una apariencia dulce, modesta y significativa, donde se mezcle la nobleza con la paciencia, la fortaleza y la pureza; un espíritu que no sea vengativo, y que nunca se valore demasiado, tales serán los signos de aquel cuyos pies recorren el camino justo que conduce al nacimiento divino.

11 febrero, 2016
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El niño y su verdadero yo

A ti que eres padre o algún día lo serás y a ti que eres madre o algún día lo serás:

Aprecia los logros de tu hijo pero hazle saber que le amas cuando fracasa. Valora sus buenas cualidades pero ama sus pequeños defectos. Aplaude sus éxitos pero hazle saber que le amas cuando no consigue lo que se propone. Tu hijo, al igual que tú, nació sin miedo, nació en una plenitud de libertad máxima, nació con una capacidad de asombro maravillosa, nació con una espontaneidad y una sinceridad de actos adorable. Nació con un amor infinito por la naturaleza y por los animales.
Dile hoy a tu hijo que no somos perfectos pero que él es valioso tanto por sus aciertos como por sus errores. Dile que le amas tanto o más por aquello que intenta que por aquello que consigue. Dile que amas su carácter cuando está alegre y cuando está enfadado. Explícale cuál es su esencia única y hazle saber que esa es su verdadera persona. Dile que no por ser mayor eres más sabio, simplemente tienes más experiencia. Dile que admiras su personalidad aún no construida pero pura y limpia.

Tu hijo no necesita nada, te quiere a ti.


08 enero, 2016
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Algo tan parecido al amor

Carmen Amoraga - Algo tan parecido al amor
Algo tan parecido al amor no me ha sorprendido pero me ha maravillado. No me ha sorprendido porque ya había leído el Tiempo mientras tanto de esta misma autora (Carmen Amoraga) y suponía que su fascinante manera de contar lo cotidiano se repetiría en esta novela.
Describe tan al detalle la psicología de cada personaje que terminas por conocerlos a fondo en apenas unas pocas páginas  dentro de una redacción sencilla, amena y a la vez sublime.

El amor y el desamor quedan expuestos en esta novela sin que la autora tome parte. Enseña todas las cartas con las que las parejas juegan a un juego el del amor que nunca se sabe realmente dónde empieza y dónde termina.

La felicidad parece ser  el criterio que debería marcar el final del querer y el principio del amar. Pero cada caso es un mundo y en esta novela cuatro amigas en situaciones diferentes plantean sus vidas en torno al desengaño, la infidelidad, el amor dubitativo, la rutina del matrimonio y la búsqueda de la felicidad en la vida de pareja.

En resumen: literatura humana, realista que no necesita grandes acontecimientos porque gira en torno a lo más importante que nos ocurre mientras estamos despiertos: la vida.

30 septiembre, 2015
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Ola de espuma


12 agosto, 2015
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Yo Soy

¿Te has preguntado alguna vez quién eres y por qué de entre miles de millones de posibilidades naciste tú precisamente? ¿Y por qué has nacido en esa familia y no en otra? ¿Por qué en este país y no en otro? ¿Por qué hombre y no mujer?

Más importante todavía, ¿cuántas veces te reafirmas y te dices YO SOY?

¿Qué significa ese YO SOY? Respondo con una pregunta: Si Dios está en todas partes, ¿por qué no va a estar en nosotros? Si está afuera, ¿por qué no va a estar dentro?

A mi alrededor sólo veo personas que no quieren saber. Pero no quieren saber de manera inconsciente. No lo han elegido. Simplemente se han dejado arrastrar y añaden ruido externo que impide escuchar su interior. Inventan mil y una maneras de estar ocupados fuera para no tener que mirar dentro. Viajan y conocen el mundo, se apasionan con mil cosas de fuera, atienden a su familia y amigos, se preocupan por su aspecto físico… pero no se cuestionan quiénes son. Llegamos a este lado sin ser nada más allá de nuestra piel y nos iremos sin nada fuera de ella.

Algo que siempre me ha molestado escuchar es aquella pregunta en la que al niño se le dice ¿qué quieres ser de mayor? Ese niño ya es. No necesita ser nadie porque ya es. No le falta nada para ser. Muy al contrario y por culpa de nosotros los adultos, lo iremos alejando poco a poco de quien realmente es. ¿Para ganarse la vida? Pero si la vida ya la tiene y nada material necesita para mejorarla.
Mi hija muchas veces me pregunta por qué leo esto o por qué hago aquello y nunca comprende cuando le digo “porque quiero volver a ser como tú eres ahora… porque me gustaría recuperar la sabiduría que tú ahora tienes”. No lo entiende lógicamente pero algún día lo hará.

¿Y si nada de lo que hay fuera es real? ¿Da miedo pensar que tantos años después de nuestro nacimiento hemos acumulado mucho y evolucionado poco?

Decía Krishnamurti que una taza sólo es útil cuando está vacía. Si la mente la tienes llena de creencias, dogmas, afirmaciones, entretenimiento, ruido, etc. ya no hay hueco para crear, para dudar, para pensar. Vale más repetir y llenar la mente de todo lo que nos invade día a día que parar, aquietar y cuestionar qué hay dentro. Quizás porque no vamos a encontrar respuesta inmediata. Probablemente porque sabemos que no hay respuesta cierta y definitiva, y eso da miedo. Da miedo el desconocimiento, la incertidumbre de aquello que intuimos puede ser infinito.

Yo soy la puerta abierta que ningún hombre puede cerrar. (Saint Germain)

26 junio, 2015
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Mi falso yo

Todo niño se comporta en sus años de desarrollo de la manera que se supone debe hacerlo para ser amado. Pero esas características que le van a permitir cumplir con su objetivo muchas veces son expectativas, deseos, proyecciones de los padres o su entorno familiar. Incluso pueden ser exigencias o mandatos que el niño asimila como propias. Con ellas va construyendo su falso yo que poco a poco va ocultando su identidad original. El niño, una vez es adulto, no reconoce cualidades aprendidas, comportamientos programados ni distingue lo que le es innato de lo que se construyó con el tiempo. Aquí es donde ese adulto que, por ejemplo, se cree muy responsable no es consciente de que esa cualidad no es suya sino aprendida. Cree ser precavido, miedoso o tímido y no sabe que quizás actúe de esa manera pero él no es realmente así. Una y otra vez en su vida actuará de la misma manera siguiendo un patrón aprendido y forjado a fuego en su interior. Freud lo llamó "el impulso de la repetición" que nos lleva a pasar todas nuestras experiencias por el filtro del material interno con el que hemos crecido.
A partir de este punto pueden ocurrir varios escenarios:
1. El adulto nunca será consciente de su armadura construida para adaptarse y vivirá sus días con sus éxitos y fracasos. Se enorgullecerá por los primeros y quizás se culpe por los segundos.
2. El adulto se da cuenta de que repite cíclicamente un comportamiento y desarrolla unas maneras de pensar y actuar que no  son propias. Y no son propias porque no las desea, le crean un gran malestar y no entiende qué le está ocurriendo. Descubre unas cualidades innatas y se cuestiona qué fue de aquella espontaneidad, sinceridad o creatividad que expresaba en su niñez.
El descubrimiento es sorprendente pero complicado. Es ilusionante pero al mismo tiempo desconcierta. Y lo peor de todo es la resistencia astuta y traicionera con la que te has identificado toda la vida y que ahora se aferra a todo para evitar el cambio.
Ya no hay vuelta atrás. Empiezo a ver mi falso yo. Empiezo a observar cómo piensa y cómo reacciona cuando lo cuestiono. En ocasiones soy consciente de que no soy el que piensa y trato de tomar distancia.
¿Por qué me pasa esto? No tengo ni idea y quizás no valga la pena tratar de contestar.
¿Para qué sirve esto que me está pasando? Pues quizás para iniciar el mayor descubrimiento que puedo imaginar. Saber quién soy yo.

01 mayo, 2015
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