Yo Soy

¿Te has preguntado alguna vez quién eres y por qué de entre miles de millones de posibilidades naciste tú precisamente? ¿Y por qué has nacido en esa familia y no en otra? ¿Por qué en este país y no en otro? ¿Por qué hombre y no mujer?

Más importante todavía, ¿cuántas veces te reafirmas y te dices YO SOY?

¿Qué significa ese YO SOY? Respondo con una pregunta: Si Dios está en todas partes, ¿por qué no va a estar en nosotros? Si está afuera, ¿por qué no va a estar dentro?

A mi alrededor sólo veo personas que no quieren saber. Pero no quieren saber de manera inconsciente. No lo han elegido. Simplemente se han dejado arrastrar y añaden ruido externo que impide escuchar su interior. Inventan mil y una maneras de estar ocupados fuera para no tener que mirar dentro. Viajan y conocen el mundo, se apasionan con mil cosas de fuera, atienden a su familia y amigos, se preocupan por su aspecto físico… pero no se cuestionan quiénes son. Llegamos a este lado sin ser nada más allá de nuestra piel y nos iremos sin nada fuera de ella.

Algo que siempre me ha molestado escuchar es aquella pregunta en la que al niño se le dice ¿qué quieres ser de mayor? Ese niño ya es. No necesita ser nadie porque ya es. No le falta nada para ser. Muy al contrario y por culpa de nosotros los adultos, lo iremos alejando poco a poco de quien realmente es. ¿Para ganarse la vida? Pero si la vida ya la tiene y nada material necesita para mejorarla.
Mi hija muchas veces me pregunta por qué leo esto o por qué hago aquello y nunca comprende cuando le digo “porque quiero volver a ser como tú eres ahora… porque me gustaría recuperar la sabiduría que tú ahora tienes”. No lo entiende lógicamente pero algún día lo hará.

¿Y si nada de lo que hay fuera es real? ¿Da miedo pensar que tantos años después de nuestro nacimiento hemos acumulado mucho y evolucionado poco?

Decía Krishnamurti que una taza sólo es útil cuando está vacía. Si la mente la tienes llena de creencias, dogmas, afirmaciones, entretenimiento, ruido, etc. ya no hay hueco para crear, para dudar, para pensar. Vale más repetir y llenar la mente de todo lo que nos invade día a día que parar, aquietar y cuestionar qué hay dentro. Quizás porque no vamos a encontrar respuesta inmediata. Probablemente porque sabemos que no hay respuesta cierta y definitiva, y eso da miedo. Da miedo el desconocimiento, la incertidumbre de aquello que intuimos puede ser infinito.

Yo soy la puerta abierta que ningún hombre puede cerrar. (Saint Germain)

26 junio, 2015
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Mi falso yo

Todo niño se comporta en sus años de desarrollo de la manera que se supone debe hacerlo para ser amado. Pero esas características que le van a permitir cumplir con su objetivo muchas veces son expectativas, deseos, proyecciones de los padres o su entorno familiar. Incluso pueden ser exigencias o mandatos que el niño asimila como propias. Con ellas va construyendo su falso yo que poco a poco va ocultando su identidad original. El niño, una vez es adulto, no reconoce cualidades aprendidas, comportamientos programados ni distingue lo que le es innato de lo que se construyó con el tiempo. Aquí es donde ese adulto que, por ejemplo, se cree muy responsable no es consciente de que esa cualidad no es suya sino aprendida. Cree ser precavido, miedoso o tímido y no sabe que quizás actúe de esa manera pero él no es realmente así. Una y otra vez en su vida actuará de la misma manera siguiendo un patrón aprendido y forjado a fuego en su interior. Freud lo llamó "el impulso de la repetición" que nos lleva a pasar todas nuestras experiencias por el filtro del material interno con el que hemos crecido.
A partir de este punto pueden ocurrir varios escenarios:
1. El adulto nunca será consciente de su armadura construida para adaptarse y vivirá sus días con sus éxitos y fracasos. Se enorgullecerá por los primeros y quizás se culpe por los segundos.
2. El adulto se da cuenta de que repite cíclicamente un comportamiento y desarrolla unas maneras de pensar y actuar que no  son propias. Y no son propias porque no las desea, le crean un gran malestar y no entiende qué le está ocurriendo. Descubre unas cualidades innatas y se cuestiona qué fue de aquella espontaneidad, sinceridad o creatividad que expresaba en su niñez.
El descubrimiento es sorprendente pero complicado. Es ilusionante pero al mismo tiempo desconcierta. Y lo peor de todo es la resistencia astuta y traicionera con la que te has identificado toda la vida y que ahora se aferra a todo para evitar el cambio.
Ya no hay vuelta atrás. Empiezo a ver mi falso yo. Empiezo a observar cómo piensa y cómo reacciona cuando lo cuestiono. En ocasiones soy consciente de que no soy el que piensa y trato de tomar distancia.
¿Por qué me pasa esto? No tengo ni idea y quizás no valga la pena tratar de contestar.
¿Para qué sirve esto que me está pasando? Pues quizás para iniciar el mayor descubrimiento que puedo imaginar. Saber quién soy yo.

01 mayo, 2015
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Soy inocente

Se lo hago saber a mi implacable fiscal. Ese que a la más mínima oportunidad me juzga injustamente y culpa no dejando prácticamente opción a otro veredicto. A ese fiscal le digo que ya está bien, que quiero y voy a escuchar a la otra parte, la que nació conmigo y que nunca me ha hecho daño. Esa parte inocente que con el paso del tiempo fue aprendiendo lo que le enseñaron. Esa parte que poco a poco fue quedando en un segundo plano, relegado a un lugar sin protagonismo y sin oportunidad de demostrar esas cualidades de expresión, creatividad y amor propio que no pudo desarrollar.
Ese inocente reclama ser escuchado y me grita por sus medios que le atienda, que descubra y recuerde cómo era, cómo me hacía sentir cuando se maravillaba con las hormigas que perseguía con la mirada durante horas, cómo disfrutaba pintando sin saber siquiera qué colores elegir, cómo se asombraba cuando acostado en la azotea de de su casa veía pasar una estrella fugaz y no entendía qué significaba pero intuía un universo infinito, cómo olfateaba un libro y sólo con leer  las primeras páginas ya se perdía en otro mundo, cómo admiraba a su abuelo porque introducía un papel en una bandeja con agua y al poco tiempo aparecía una imagen como un truco de magia imposible, cómo se emocionaba cuando su madre le cantaba la canción del pobre bardo que se enamoró de una chica de la alta sociedad pero era su vida la del pobre payaso que reía con ganas de llorar. Ese inocente que se sentía extraño y diferente creció a la sombra de un molde construido para cumplir con un papel que no era el suyo. Un papel no elegido que solo dejaba ver al actor pero que poco a poco hizo olvidar a la persona, el inocente y el niño. Y el actor cumplió con su papel. Y no bastaba con hacerlo bien sino que ganaba méritos para ser cada vez más protagonista de esa falsa película. Cuanto mejor lo hacía, más crecía como actor hasta creer que su vida y su película era todo una misma cosa.
Pero llega un momento en el que soy consciente de que esa no es mi película. Descubro una vida antes e intuyo otra vida después de esa película. Y todo se tambalea. Siento al niño inocente que siempre ha estado conmigo pero al que nunca he escuchado. Esta vez sé que no voy a abandonarlo aunque tenga que despojarme de mil capas de piel que me sobran y no son mías. Y al actor que tanto se resiste a perder su protagonismo le digo que ya se acabó su película, que si quiere puede quedarse y formar parte de mi vida como lo ha hecho hasta hoy pero que ahora empieza mi tiempo. Mi tiempo sin tiempo. No hay prisa.

23 abril, 2015
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Sin sendero

No sé si es más complicado andar en equilibrio por una delgada cuerda o caminar por un sendero que deja de estar marcado.
¿Qué pasa cuando ya no ves camino por el que continuar? ¡Continúas!
Sigues, así sea con miedo por la incertidumbre de no saber cómo vas a dar cada paso.
Sólo un detalle me da confianza: donde existe amor no hay lugar para el miedo.

29 marzo, 2015
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Interpretando quién me llama

llamada del alma

Pensaba escribir bien largo sobre esta cita, la primera que puedo considerar como mía de entre tantas que suelo publicar. Soy su autor por experiencia propia pero es tan íntima y supone tanto que ahora mismo no considero sea el momento de desarrollarla.
En cualquier caso, creo que es tan evidente su significado que quizás no necesite más palabras.

12 marzo, 2015
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¿Y si la vida es una sincronicidad constante?

"No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas"

Esta frase del filósofo alemán Schiller encierra para mi gusto un enigma muy profundo cuyo cuestionamiento puede hacer despertar una posibilidad de conciencia infinita.
Me gustaría unir esa cita al concepto que el psicólogo Carl G. Jung refirió como "sincronicidad" que dicho en palabras sencillas viene a significar la unión de dos acontecimientos aparentemente desconectados en un único suceso inexplicable.
Seguro que te ha pasado alguna vez que piensas en alguien y en ese instante "da la casualidad" de que te llama al teléfono. O esa escena en la que paseas por una librería y fortuitamente se cae un libro justo delante cuyo tema o título tiene mucho que ver con algo que te está sucediendo.
Pues bien, ¿qué pasa si no son encuentros fortuitos? ¿qué pasa si no es la casualidad lo que provoca esas inexplicables coincidencias? ¿Y si la vida es una sincronicidad constante y lo que nos ocurre son simples instantes de conexión fuera del plano físico? ¿Y si solo por escasos momentos en la vida somos capaces de "escuchar" esa sabiduría interior que algo nos está intentando comunicar?
El pasado sábado me despierto pensando sin ninguna causa en particular en un viaje que hice hace ya casi 15 años a Grecia. De todo el viaje lo que en concreto empezó a rondar mi cabeza fue la calma sublime que sentí por un momento en la isla de Hydra donde me sorprendió la calma, la quietud y la armonía de unos pocos lugareños pescadores con el microentorno que formaba aquella diminuta isla. Ese sábado pensé ¿he vuelto a sentir aquella paz? ¿cómo podría devolverme el gusto de disfrutar de aquella maravillosa sensación? Enciendo la radio en el móvil (algo que no suelo hacer) escojo la primera emisora de la lista RNE3 y justo en ese momento comienza a sonar "Los niños del Pireo", una de las canciones típicas griegas más conocidas.
Además, por si fuera poca "coincidencia" llevo unas semanas leyendo el libro "Volver a casa" de John Bradshaw sobre la recuperación y reivindicación del niño interno.

La letra final de la canción dice:
"Este es mi puerto
en un rincón del mundo
En donde en un segundo
se puede ser feliz
Y en este puerto
puerto de mis deseos
Los niños del Pireo
hoy cantan para mí."

10 marzo, 2015
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Me declaro ignorante

Cuando nos hablan de soltar como método de descarga emocional y de desapego de aquello que nos oprime, no se refieren solo a sacudir los brazos y las piernas para liberar el estrés acumulado. Tampoco sugieren únicamente que subas al Pico de las Nieves y comiences a gritar todo lo que en casa o en el trabajo no eres capaz de decir ni siquiera en voz baja. Soltar es liberar, soltar es dejar ir, ver pasar sin aferrarte y, quizás en muchos casos sea suficiente con expresar. Parece una obviedad y algo relativamente sencillo pero, ¿expresamos a diario realmente lo que pensamos y sentimos?
Yo soy de los que no lo hacen y por eso me han aconsejado tantas y tantas veces aquello de “echa para fuera, no te lo guardes”. ¿Qué pasa con las emociones reprimidas? ¿En qué se convierten?
Con esta pequeña introducción simplemente intento explicar por qué he vuelto a escribir. Pongo en práctica ese “echar para fuera” lo que pienso y lo que siento (más lo segundo que lo primero).
Podría escribir en hojas sueltas que luego guardo en cajones olvidados pero he decidido hacerlo en mi blog por dos razones: para evitar la pérdida de estas improvisadas reflexiones y para transmitir a esa persona que por pura sincronicidad enciende su ordenador a miles de kilómetros de distancia y se tropieza con algo escrito aquí que a lo mejor le puede ser de alguna utilidad.
Teniendo en cuenta que estoy más cerca de ser astrofísico que psicólogo, nada de lo que expreso posee el más mínimo valor pedagógico. Por eso y desde la más sincera humildad me disculpo ante el lector por tratar temas cuya única fuente es la experiencia personal. Tengo la inmensa fortuna de contar con tres amigos psicólogos que generosamente comparten sus conocimientos conmigo y con el resto de personas que les rodean. Sus consejos, sus recomendaciones y sus observaciones son las mejores herramientas que he encontrado para entender aunque sea mínimamente eso que llaman vida, cuerpo y mente, y que tan difícil parecen combinar correctamente.
Cuanto más consciente soy de la enorme cantidad de conocimientos que están fuera de mi entendimiento, más interés tengo en leer, investigar y aprender. La parte menos buena de este hecho es que al mismo tiempo descubro que mi ignorancia también crece porque el horizonte es cada vez más amplio y el paisaje muestra cada vez más detalles.
Ya lo dijo Sócrates con aquello de “solo sé que no sé nada” y no porque le faltase sabiduría al filósofo griego sino porque le sobraba humildad y reconocía que nunca se puede saber nada con absoluta certeza.
Me declaro ignorante, repleto de defectos e imperfecciones que poco a poco voy descubriendo pero eso me lleva a enfrentar el reto más importante quizás de mi vida: conocerme.
Termino citando a Krishnamurti: “Si no te conoces a ti mismo, no existe la paz.”

27 febrero, 2015
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